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Libre comercio primará sobre ambiente y DDHH en asuntos externos de Bolsonaro

- 13:54 - 29/12/2018

    Río de Janeiro, 29 dic (EFE).- La política exterior de Brasil en el Gobierno que Jair Bolsonaro asume el 1 de enero buscará una aproximación a Estados Unidos y abrir las puertas al libre comercio, pero amenazará los esfuerzos alcanzados multilateralmente por el país en áreas como el medio ambiente y los derechos humanos.

    En sintonía con el pensamiento del presidente de EE.UU., Donald Trump, Bolsonaro ha criticado los esfuerzos del Acuerdo de París por reducir el calentamiento global, las políticas ambientales que frenan el agronegocio y las alianzas de bloques económicos como el Mercosur.

    Su apoyo a Israel y el querer trasladar la embajada de Brasil de Tel Aviv a Jerusalén, tal y como lo hizo Trump con la de su país, pueden poner en juego el comercio de carne de pollo entre Brasil y los países árabes, según ha advertido el propio Ministerio de Agricultura.

    No obstante, un manto de expectativa impide visualizar cuál será la orientación real del futuro presidente para los asuntos externos.

    Aunque Bolsonaro ha reiterado varias veces que su política exterior no estará marcada por una "connotación ideológica", Brasil pasará de la cooperación Sur-Sur, impulsada por sus antecesores de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, a un accionar de menos retórica y más resultados, centrado en el libre comercio y en acercarse a EE.UU., según analistas consultados por Efe.

    En el tema comercial, si bien Bolsonaro quiere aprovechar las simpatías con Trump, no puede olvidarse de China, una nación que desde 2009 se convirtió en el principal socio comercial del país y que se mantuvo firme durante la crisis que Brasil sufrió en 2015 y 2016, cuando su PIB se retrajo un acumulado de casi 7 puntos porcentuales.

    Las negociaciones con bloques económicos como el Mercosur o el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), que, según Bolsonaro, están confabuladas bajo preceptos socialistas, también están en la mira del presidente electo por condiciones que para el futuro Gobierno son "desventajosas", especialmente para la agricultura.

    Pese a que el ultraderechista ve esos acuerdos como un obstáculo para el agronegocio, para el embajador y consejero del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI) Luis Alfredo Lima Graça el tema no es tan simple.

    Según explicó el diplomático a Efe, el agro, que es la principal fuente de ingresos de Brasil, es muy maltratado en acuerdos bilaterales de libre comercio, y para acceder a nuevos mercados y lograr mejores condiciones hay que hacer énfasis en lo multilateral, donde se negocia a partir de una partida externa común.

    Aunque Estados Unidos no es el principal socio comercial de Brasil, Bolsonaro quiere abrir los mercados con el país del norte y fortalecer el comercio bilateral.

    Para ello buscó un escudero afín con sus expectativas, Ernesto Araujo, quien, además de ser el canciller designado, se declara profundo admirador de Trump y de sus lineamientos.

    Araujo, sin haber sido embajador de Brasil en ningún país, estará al frente de Itamaraty, como es conocido el Ministerio de Exteriores, una entidad con 200 años de historia que, por tradición, ha estado bajo el mando de políticos y expertos pero pocas veces en manos de un funcionario de carrera.

    A pesar de sus 23 años de servicio público, Araujo no actúa de forma muy diplomática y sus pronunciamientos han generado polémica internacional y algo de malestar en Itamaraty.

    Las alertas que estaban prendidas por las críticas de Bolsonaro al Acuerdo de París terminaron de encenderse con el anuncio del futuro canciller de la retirada de Brasil del Foro Mundial de Migraciones.

    El mensaje -que fue avalado por Bolsonaro y que enfureció al actual canciller, Aloysio Nunes Ferreira-, debe tomarse con cautela, según los expertos, porque no solo abarca a los inmigrantes que llegan al país sino también a brasileños que están en el exterior.

    Este tema y otros pronunciamientos de Bolsonaro sobre las políticas indigenistas del país, que, según él, trabajan en pro de intereses extranjeros y ponen en riesgo la soberanía de Brasil, han caído como un balde de agua fría en organizaciones defensoras de los derechos humanos.

    El temor de que las culturas indígenas desaparezcan con la intención del futuro presidente de integrarlas a las costumbres de la sociedad moderna se suma a que la Amazonía se vea afectada con los reiterados anuncios de Bolsonaro de que frenará las trabas ambientales, fomentará la minería y construirá nuevas hidroeléctricas en una región que, según él, "lo tiene todo" pero donde "nada es permitido".

    María Angélica Troncoso


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