Politica

Puzder, el secretario de Trabajo de Trump al que le gustan "las bellezas comiendo hamburguesas en bikini"

  • Los anuncios hot de sus franquicias definen su personalidad
  • Amante confeso del libre mercado, el libre comercio, la suma cero
Montaje de Andrew Puzder delante de uno de sus polémicos anuncios.

¿Ha visto alguna vez un anuncio de Carl's Junior o Hardee's? ¿Alguno de los que nunca han llegado a emitirse por su alto contenido sexual? Los anuncios de estas franquicias, propiedad del que será nuevo secretario de trabajo de Estados Unidos, Andrew Puzder, definen muy bien al futuro responsable de empleo de la primera potencia mundial. "Me gustan las mujeres guapas, comiendo hamburguesas y en bikini", declaró el empresario, de 66 años, en la revista Entrepreneur.

"¿Qué es más americano que una mujer, con un bikini, en un jacuzzi, en un camión, en un portaaviones... debajo de la Estatua de la libertad?". Así reza uno de los anuncios -en el que Samantha Hoopes se come una hamburguesa- más comentados de Carl's Junior el año pasado. "Solía escuchar que 'las marcas adquieren la personalidad de su CEO' y nunca pensé que esto pudiera ser cierto, pero creo que, por lo menos en mi caso, sí que han absorbido parte de mi forma de ser", afirmó orgulloso en la publicación.

Esta personalidad sin duda ha encandilado al nuevo presidente de Estados Unidos, que enseguida ha convertido a Puzder en su ojito derecho. Es el favorito de sus recién nombrados ministros. Andrew captó la atención de Trump igual que Donald hipnotiza a los norteamericanos -y a medio mundo, la verdad-. Pero, a diferencia del republicano, Puzder mantiene una ideología coherente, ama el libre mercado, el libre comercio, la suma cero y las economías de goteo -esa teoría que afirma que si los ricos se hacen más ricos las capas sociales inferiores también se beneficiarán gracias al filtrado de su riqueza-.

Puzder lo ha hecho todo para establecerse en la administración Trump. Se ha nombrado a si mismo defensor "sin pelos en la lengua" de las prácticas comerciales "de sentido común", publicó un libro en 2010 llamado 'La creación de empleo: cómo funciona realmente y por qué el Gobierno no lo entiende', criticó de manera feroz el Obamacare, el pago de las horas extras, y el aumento del salario mínimo en Estados Unidos. El año pasado negó en Business Insider oponerse a "un modesto aumento al salario mínimo", pero aclaró que "si los salarios se elevaran demasiado, los restaurantes reemplazarían a los empleados por máquinas".

El próximo 16 de febrero se producirá, si nada lo impide esta vez, la confirmación de Puzder en el cargo, algo que se ha tenido que retrasar hasta en cuatro ocasiones porque la Oficina de Ética Gubernamental de EEUU no aportó los papeles necesarios para que Andrew pudiera jurar el cargo. Y no lo hicieron en parte porque Puzder no termina de ver claro cómo debe desligarse de sus amadas empresas, según recoge Bloomberg de una persona familiarizada con el asunto. Este tiempo entre retraso y retraso de su juramento lo han utilizado hábilmente sus oponentes al cargo para criticar duramente el trato que el empresario da a sus empleados, mientras que sus fieles han contraatacado con entrevistas en las que cocineros, camareros y cajeros de las dos cadenas de comida rápida han proclamado lo felices que son en sus puestos de trabajo.

"Esto es todo política", asegura Amir, un franquiciado que comenzó como lavaplatos en un Carl's Junior en 1985 y que ahora es propietaria de 108 restaurantes en California -ninguno de los cuales son nombrados en las denuncias-. Lo cierto es que Puzder basa sus negocios en escasos márgenes de beneficios acompañados de salarios muy bajos bajo un modelo que tiende a desplazar el parné hacia arriba y la responsabilidad hacia abajo. Cuando presentó sus credenciales para el puesto en el gabinete, Puzder se jactó de tener contratados a más de 75.000 estadounidenses, pero no dijo en que condiciones, ni que uno de sus movimientos favoritos cuando las cosas se ponen feas y los trabajadores se cansan es desviar la culpa hacia los franquiciados.

Y muchos se quejan. Alrededor del 60% de las denuncias de trabajadores en restaurantes de CKE presentaron al menos una violación de la ley laboral, según datos compilados por Bloomberg del departamento de trabajo de Estados Unidos. Aunque es cierto que, como explica la agencia, la gran mayoría del resto de cadenas de comida rápida presentaban estadísticas aun peores. En 2014, durante un discurso en la Universidad de Chapman, California, Puzder reconoció que la compañía se había gastado más de 20 millones de dólares en solucionar solo las demandas relacionadas con el pago de las horas extra.

La historia de Carl's Junior y Hardee's

La cadena de comida rápida, Carl's Junior, abrió su primer restaurante en 1956, pero su fundador, Carl Karcher, comenzó vendiendo perritos 15 años antes en Los Ángeles. Karcher, un devoto católico casado y con 12 hijos, solía entregar cupones de hamburguesas gratis con versos de la biblia en el dorso. La hamburguesería se cruzó en el camino de Puzder, abogado de profesión, en 1981, cuando Karcher necesitó que alguien le defendiera de las demandas que acumuló en Kansas y Missouri.

A finales de 1990 la compañía compró Hardee's, una cadena que contaba con unos 3.000 restaurantes ubicados en su mayoría en el sur y el medio oeste, donde Carl's Junior no se había establecido. La adquisición tensó las finanzas de la empresa, lo que forzó la salida de Karcher del accionariado. En el año 2000, Puzder fue nombrado consejero delegado.

La primera carta de Puzder a los directores regionales de Hardee's fue directa: "Nadie que no tenga todos sus dientes podrá estar detrás del mostrador atendiendo a los clientes". Trataba de revivir la marca. Cerró establecimientos y remodeló el resto, pero eso no fue suficiente. "Vas a un establecimiento y te recibe un tipo grosero con la camisa sucia. Luego reformas la tienda, pero a los clientes les sigue esperando el mismo tipo grosero con la camisa sucia", contó más tarde en una publicación.

Poco a poco, Hardee's se dio la vuelta. Las ventas crecieron en 2004 por primera vez en años, pero su perfil de empleado se mantuvo bajo. "Contraté a los mejores de los peores", expresó en una entrevista en CNN. Viendo que no podía robarle el público familiar a McDonald's, Puzder optó por los jóvenes, los consumidores originales de comida rápida, y pensó en el marketing de la cerveza.

Todo cambió cuando contrató a Paris Hilton para que, enfundada en un diminuto traje de baño negro, enjabonara un Bentley antes de morder con ganas una hamburguesa picante. Asociaciones de padres lo criticaron duramente, y Andrew les respondió que, traducido al español, "se compraran una vida". Padma Lakshmi, Kate Upton, Kim Kardashian, Heidi Klum... muchos de sus anuncios despertaron el interés de propios y extraños, pero el de Charlotte McKinney durante la Super Bowl de 2015 fue sin duda uno de los más polémicos. Karcher, que murió en 2008, llegó a decirle a Puzder que odiaba los anuncios. Pero desde que se le ocurrió mezclar porno blando con hamburguesas las compañías no han dejado de crecer.

Hasta ahora que, como admite Puzder a regañadientes, los gustos están cambiando. El empresario ha llegado a bromear sobre el tema diciendo que se va a ver obligado a gastar su dinero en ofrecer pan sin gluten y en hacer publicidad de ensaladas que nadie compra. Así que puede ser el momento de que Puzder pivote, que cambie de rumbo, que, si llega la confirmación de su cartera, cambie de vida.

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