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Jim Hines, un hombre empeñado en eliminar el número diez

- 13:27 - 16/09/2018

    Madrid, 16 sep (EFE).- Hace apenas un mes y en otro estadio olímpico, el de Berlín, el británico Zhamei Hugues ganó los 100 m de los Campeonatos de Europa de atletismo con una marca de 9.95, récord de la competición.

    Fue exactamente el mismo tiempo con el que se impuso en la final de los Juegos Olímpicos de México el primer hombre capaz de correr el hectómetro por debajo de los 10 segundos. El mismo tiempo, solo que medio siglo antes.

    Jim Hines, nacido en 1946 en Dumas, una pequeña ciudad de Arkansas, fue un aceptable jugador de béisbol en su primera juventud hasta que un entrenador avispado se dio cuenta de que podía convertirse en el hombre más rápido del mundo.

    El 20 de junio de 1968, cuatro meses antes de los Juegos, Hines corrió los campeonatos estadounidenses de atletismo en 9.9. El cronometraje fue manual, pero nunca antes una mano había parado el reloj antes de que alcanzase el número diez.

    Cuando llegó el momento de viajar a México, Hines se debatió entre las ganas de paladear la gloria olímpica y el deber que tenía, según otros deportistas negros, de boicotear los Juegos para denunciar la segregación que sufrían los de su raza. Ganaron las ganas.

    Los Juegos de México estrenaron el cronometraje electrónico y Hines llegó a dispuesto a demostrar que la técnica también podía darle la razón. Entre las series y las semifinales tres atletas entraron en meta en diez segundos justos: Hines, su compatriota Charles Green y el cubano Hermes Ramírez.

    La de 1968 fue la primera final olímpica de los 100 metros corrida íntegramente por atletas de raza negra. Respecto a la de 1964 solo repitieron el estadounidense Melvin Pender y el canadiense Harry Jerome, que había sido bronce en Tokio.

    Pender lideró la prueba en su primera mitad, Hines y Green corrieron a la misma altura hasta los 70 metros y entonces el exjugador de béisbol aceleró y se destacó un metro, para firmar en meta la mejor carrera de su vida: 9.95 segundos electrónicamente cronometrados, que pasaron a la historia como el primer récord mundial medido de esa manera. Era el 14 de octubre de 1968.

    Ningún otro finalista bajó de los 10. La medalla de plata fue para el jamaicano Lennox Miller, 10.04, y la de bronce para Charles Green, 10.07.

    La plusmarca de Hines, que también ganó el oro en el relevo 4x100 con récord de 38.24, tuvo una larga vida y permaneció vigente hasta el de 3 de julio de 1983, cuando Calvin Smith la rebajó hasta los 9.93 segundos.

    En cambio, su carrera atlética terminó exactamente cuatro días después de su victoria olímpica: firmó contrato con los Miami Dolphins y se pasó a la NFL. Siguió así los pasos de su predecesor en la lista de campeones olímpicos de los 100 metros, Bob Hayes, que jugó diez temporadas en los Dallas Cowboys y ganó la Super Bowl en 1971. Pero Hines no tuvo ni mucho menos tanto éxito: apenas recibió minutos sobre el campo y está considerado uno de los peores jugadores de la historia del fútbol americano.

    Pero como atleta fue único. Cuando en Europa aún se celebra, en este 2018, una victoria en el campeonato continental con marca de 9.95, Hines lleva cincuenta años festejando que él ya firmó ese tiempo en el estadio olímpico de México.

    Con medición electrónica. Para que no hubiera dudas.

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