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La incombustible De-Ying Wang, el espíritu del tenis de mesa salvadoreño

Barranquilla (Colombia), 21 jul (EFE).- A De-Ying Wang, leyenda del tenis de mesa de El Salvador, el deseo de continuar inspirando a más generaciones la mantiene lejos del retiro. Con 45 años y en los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla comprobó que la llama sigue encendida tras más de tres décadas en el deporte.

Wang ajustó su séptima participación en las justas. Y ha vivido toda una transformación en ese camino que inició en México 1990 y que hoy la tiene compitiendo en el recinto 'Puerta de Oro' junto a compañeras jóvenes como Mónica Mendoza, de 16 años, y Emme Arias, de 20.

"Para mí, el tenis de mesa es un vicio. Yo sé cuándo me voy a retirar, pero no lo digo para que las niñas que vienen se sigan superando, trabajen y sepan lo que cuesta llegar hasta acá", dijo Wang en entrevista con Efe.

La deportista dejó su natal Taiwán en 1980 para asentarse, siendo una niña, en El Salvador de la mano de su padre, el entrenador de tenis de mesa Wang Shan Wu, que se encuentra en Barranquilla dirigiendo al equipo masculino.

Junto a su hermana De-Hsuan Wang empezó a edificar una carrera que la han hecho dueña de múltiples medallas nacionales e internacionales, entre ellas la presea de plata que consiguió en los Centroamericanos de Maracaibo 1998 en una final memorable ante las cubanas Marisol Ramírez y Madeleine Armas.

"Estábamos sorprendidas por llegar a esa final en dobles femenino. Con mi hermana, veníamos de eliminar a otra pareja cubana. Fue muy emocionante. En los periódicos de El Salvador titularon 'Una plata con sabor a oro'. No me puedo olvidar de eso", evocó la tenismesista.

Wang, que alterna la odontología con el deporte, ganó en las justas de Cartagena 2006 el bronce con el que su hermana De-Hsuan cerró su ciclo como tenismesista, algo que ella ha aplazado para probar que la disciplina y la pasión son la clave de la longevidad deportiva en un mundo donde los 32 años son una buena edad para el adiós.

"He tenido muchas compañeras. Ahora, estoy con un equipo muy joven, pero con todas me la llevo bien y nos acoplamos. Ellas me dan ánimo y me piden consejo", contó la salvadoreña.

En medio de la alegría de un debut con un triunfo sobre Barbados (3-0), Wang reconoce que en la derrota contempla poner el punto final y suelta un "ya para qué sigo", pero luego regresa a entrenar y revive el amor por su pala.

Para mantenerse como una sólida derecha defensiva, Wang enfoca su preparación en trabajos para conservar su velocidad, lo que se suma a sus buenos desplazamientos tácticos y técnicos

"Entreno después del trabajo. Me siento bien. Ahora lo disfruto más. Si me sintiera presionada, no lo haría", enunció la deportista.

Por ahora, saborea sus últimos Centroamericanos, en los que posa como principal animadora de sus jóvenes compañeras, a las que alivia con un "tranquila, a veces los nervios traicionan" en las caídas ante Venezuela. Y lo hace con la serenidad que le otorga ser la protagonista de capítulos memorables de su disciplina en EL Salvador.

"No estoy acá por obligación. Me encantan estos juegos porque son muy importantes para la región. Para mí sería muy importante ganar, con 45 años, una medalla", declaró la incombustible Wang.

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