Medio ambiente

"Ojo de mar", un viaje a la identidad del norte de la Patagonia argentina

Buenos Aires, 13 abr (EFE).- El norte de la Patagonia argentina no es turístico, los lugareños están más habituados a ver volar cóndores y a vigilar sus rebaños que a estar delante de una cámara o ver volar un dron, algo a lo que se tuvieron que acostumbrar para mostrar su identidad en el documental "Ojo de mar".

"La zona norte está muy poco explorada, no es un lugar turístico como sí lo es el sur. Bariloche, San Martín de los Andes, son lugares súper concurridos", detalló a Efe el argentino Benjamín Garay, uno de los creadores del documental que compite en la categoría "Vanguardia y género" del BAFICI 2019, considerado el festival de cine independiente más importante de América Latina.

En la provincia de Neuquén (sur) se conoce como Ojo de mar a aquellas lagunas tan profundas cuyas aguas, cuentan sus habitantes, no se sabe si nacieron de la nieve derretida de las montañas cercanas o se filtró subterráneamente del mismísimo océano Pacífico.

Esta leyenda local llamó la atención de Garay, que, tras un viaje en bicicleta por su provincia natal, convocó a Pavel Tavares, por aquel entonces un estudiante brasileño con el que planeaba su tesis de fin de carrera.

"Impulsivamente" llegaron a un pueblo del norte neuquino en pleno invierno, llovía, no conocían a nadie y eran tan solo dos jóvenes en medio de la montaña que parecían aterrizar de otro planeta.

"Seguimos un olorcito a torta frita por el hambre que teníamos, y llegamos a la casa de una señora que nos abrió las puertas y nos contó cientos de historias", indicó Tavares.

Además de los cautivadores paisajes, los protagonistas del largometraje son actores involuntarios cuyos días transcurren con la tranquilidad y sencillez del campo, hombres y mujeres que reproducen a diario el accionar de sus antepasados y que tratan de trasladar -sin éxito- a las nuevas generaciones.

Las cuatro estaciones entre las cordilleras fueron el marco temporal de una película "sin conflicto", pero con una intencionalidad clara, mostrar la identidad de la población.

"Queríamos contar el cotidiano de estas personas y cómo iba cambiando su forma de vivir según la época del año, el clima y sus actividades. La película narra la actividad principal de la zona, la trashumancia, que es el pastoreo de los animales de las bajas cumbres a las altas. Estos crianceros tienen dos casas, una veranada y una invernada", explicó Garay.

"Cuando nacen los chivos en primavera se los llevan, que es cuando arranca la película, a la veranada, donde se instalan hasta mayo y ahí vuelven a su invernada que, generalmente, es más cerca del pueblo a resguardarse del clima", continuó.

En el momento en el que el productor chileno Lincoln Brown entró en el proyecto, los directores veían casi imposible terminar la filmación del documental por falta de presupuesto.

Tuvieron que grabar vídeos promocionales de las localidades, dormir en escuelas e incluso en una oficina de bomberos, un trabajo de "trueques y guerrilla" que posibilitó su financiación.

"Cada vez que volvía a Buenos Aires era un choque de realidad, me costaba unos días acostumbrarme a la vida de nuevo, con el tiempo y los viajes fue haciéndose cada vez más difícil", aseguró Tavares.

Conocer y generar un vínculo con los lugareños terminó por transformar las vidas de unos jóvenes criados y formados en grandes ciudades como Buenos Aires, Salvador de Bahía o Santiago de Chile.

"Era necesario que el equipo fuera reducido para no generar una invasión. Al mismo tiempo, ellos fueron los que nos abrieron las puertas de su casa y eso hizo el rodaje natural. Éramos los nietos, su visita que llegaba una vez por estación, y salían a buscarnos como si fuéramos sus familiares", recordó Brown.

Para no "ficcionar" a los personajes, el intercambio de intimidad debía ser completo, por lo que en cada escena no participaba más de uno o dos miembros de la producción.

"El resto del equipo nos quedábamos fuera de la casa muriéndonos de frío", comentó el chileno.

La nominación de BAFICI es el primer reconocimiento que consigue el largometraje, y más allá del galardón que el festival otorga, su premio personal sería llevar la película a pequeñas salas de los pueblos neuquinos en los que filmaron.

"Es muy lindo estar acá y poder compartir esta película con nuestra gente. El domingo estuvo en la presentación de la película la nieta de doña Margarita Bravo, una de las personas que salen y que ya falleció. Nos agradeció y lloramos todos. La película se la hemos querido dedicar a ella", expresó Tavares.

El siguiente paso que dará este equipo será probar suerte en festivales internacionales, por lo que esperan que BAFICI sea la "ventana" para el proyecto.

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