Medio ambiente

Trump pasa de puntillas por la cumbre del clima de la ONU

Naciones Unidas, 23 sep (EFE).- Llegó sin que nadie le esperara, escuchó dos discursos y se marchó. Donald Trump, el eterno protagonista, prefirió pasar de puntillas por la Cumbre del Clima de la ONU que perderse la cita más comentada de la semana, pero reservó sus energías para otro acto diseñado a medida de sus votantes.

"No significa que desprecie (la cumbre). Simplemente estoy ocupado", había dicho el presidente estadounidense el domingo, cuando los periodistas le preguntaron por qué no asistiría a la Cumbre de Acción Climática en la sede de Naciones Unidas.

Trump no solo preveía ausentarse de la cita, sino que la había contraprogramado al convocar una reunión sobre libertad religiosa a la misma hora y en el mismo edificio.

En el último momento, sin embargo, el mandatario pareció hacer el cálculo de que le convenía romper -aunque fuera superficialmente- el aislamiento al que ha estado sometido en el asunto del clima desde que decidió retirarse del Acuerdo de París hace casi dos años, y hacer acto de presencia en la reunión que atraía todas las miradas.

A juzgar por sus gestos durante los 14 minutos que pasó en el auditorio -la boca como si fuera a dar un beso, la mirada baja o distraída-, Trump parecía ser consciente de que encajaba poco en una cumbre dedicada a dos tesis que él se resiste a aceptar: que existe una crisis climática y que la actividad humana la agrava.

Greta Thunberg, la gran estrella de la cumbre, subrayó esa contradicción con sus labios, que se torcieron en una mueca de disgusto cuando se cruzó con Trump en el vestíbulo de Naciones Unidas, pero el mandatario insistió en reivindicar su presencia en la reunión.

"Soy un gran creyente en el aire limpio y el agua limpia, y todos los países deberían unirse y hacer eso, y deberían hacerlo por sí mismos. Es muy, muy importante", aseguró el presidente al salir de la cumbre.

Trump volvía así a esquivar cualquier referencia a la crisis climática, algo que durante su campaña electoral de 2016 describió como un "fraude" creado por China y que ha minimizado desde que llegó al poder, a base de concesiones a la industria de los combustibles fósiles y eliminación de regulaciones medioambientales.

Fue por eso, probablemente, por lo que al secretario general de la ONU, António Guterres, se le dibujó una media sonrisa en el rostro cuando los periodistas le preguntaron por el fugaz paso de Trump por el auditorio.

"Es un paso adelante", se limitó a decir el diplomático portugués.

Una "señal positiva" fue como definió la presencia de Trump, en la misma línea, el mexicano Luis Alfonso de Alba, enviado especial de la ONU para la Cumbre y gran arquitecto de la cita.

Al final, sin embargo, Estados Unidos no estuvo entre las decenas de países que asumieron compromisos en la cumbre, y Trump desvió rápidamente su atención a otro tema mucho más jugoso para su campaña de reelección en 2020: la defensa de la libertad religiosa.

Los cristianos evangélicos blancos son uno de los grupos de votantes más fieles a Trump, y la presencia de dos de ellos en su gabinete -el vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado, Mike Pompeo- ha elevado las causas relacionadas con la religión a la lista de prioridades de la Casa Blanca.

Con la cumbre sobre el clima en plena efervescencia, la reunión convocada por Trump tuvo muy poco tirón, pero le granjeó todo tipo de alabanzas en el escaparate de su Presidencia que es la cadena televisiva Fox News.

"Es algo notable que este presidente se salte una cumbre en la ONU sobre el cambio climático, un problema imaginario, para afrontar el problema muy real de la persecución global a los creyentes", aseguró al canal el influyente pastor evangélico Robert Jeffress.

Con el voto evangélico ya amarrado para 2020, no puede descartarse que la visita exprés de Trump a la cumbre del clima también tuviera algo que ver con su campaña electoral.

El pasado julio, Trump reivindicó en un discurso el presunto "liderazgo" de EE.UU. en la protección del medioambiente, utilizando las mismas palabras -"aire y agua limpios"- que repitió este lunes como un mantra.

Detrás de ese discurso había una alarmante conclusión de su equipo de campaña: las encuestas internas apuntaban a que su política ambiental podía perjudicarle entre los votantes conservadores más jóvenes y las mujeres en zonas urbanas.

Y tras una jornada que aderezó con críticas al exvicepresidente Joe Biden, aspirante presidencial demócrata, Trump llegó a su torre dorada en Manhattan y dejó claro el tema en el que llevaba pensando todo el día en la ONU: "94 % de aprobación en el Partido Republicano. ¡Gracias!", tuiteó, exagerando otra vez ese dato.

Lucía Leal

WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin