Economía

La educación, la innovación y la investigación son los motores del crecimiento en América Latina

No sorprende que cuatro de las diez mejores universidades de Latinoamérica sean brasileñas

América Latina ofrece alentadoras perspectivas de crecimiento económico, independientemente de las incertidumbres actuales en algún país de la región, incentivadas por el aumento de la capacidad de consumo de las clases medias y la riqueza de recursos. Gracias a esta coyuntura, la región es, hoy en día, de sumo atractivo para la inversión extranjera.

Con todo y con ello, la evaluación del progreso de las naciones no puede -o no debe- basarse, exclusivamente, en indicadores de crecimiento económico de carácter transitorio. Al contrario, es necesario identificar -e incorporar- los elementos clave para un crecimiento constante, pero firme, en el largo plazo. 

Este ambicioso objetivo puede lograrse mediante iniciativas en las que la educación e I+D+i deben ocupar una posición prioritaria al incentivar la competitividad y la diferenciación de los países. Además, la educación es una palanca estratégica de generación de riqueza en el largo plazo y el trampolín natural y más beneficioso para generar movilidad social hacia arriba de forma permanente. 

Tomemos, a modo de ejemplo, el caso de Brasil. Brasil es un país considerado como uno de los principales motores de crecimiento económico de América Latina y en el que el desarrollo de la industria cultural está generando una excelente oportunidad para la inversión directa extranjera. 

No debería sorprendernos el que Brasil lidere la clasificación de las diez mejores universidades en la Región, según el ranking elaborado por Quacquarelli Symonds (QS). 

En esta clasificación, la Universidad de São Paulo ocupa el número 1. Pero, más aún, cuatro de las diez universidades mencionadas en el ranking se ubican en Brasil. 

Fomentar el despegue económico

En un mundo cada vez más globalizado y en el que las naciones apuestan de forma clara por la internacionalización de sus actividades industriales, comerciales y de inversión, la educación no puede quedar al margen de estos procesos de apertura. Precisamente, por este motivo, los gobiernos son cada vez más conscientes de la importancia de la formación, la innovación y la movilidad social, que las dos primeras generan, como requisitos para impulsar el desarrollo nacional. 

Aún más, el mundo empresarial es también consciente de que el liderazgo en el siglo XXI se sustenta y se sustentará, cada vez de forma más crítica, en el conocimiento y, por ello, los máximos responsables de las empresas ya sitúan la formación y el talento de los empleados en lo más alto de sus preocupaciones por ser, precisamente, uno de los activos más valiosos para sus compañías. 

Mientras Europa lidia con los efectos de la Gran Recesión o de la Gran Ruptura, América Latina atraviesa hoy un momento de bonanza económica. Por ello, esta coyuntura es una excelente oportunidad para que los gobiernos y el mundo empresarial asuman y desarrollen metas ambiciosas y sostenibles en el tiempo sobre el fomento de la educación, la innovación, la investigación y el conocimiento ya que estas son, en definitiva, la claves para consolidar un modelo de crecimiento sólido y firme, es decir, virtuoso y mejor y más protegido de los avatares de la coyuntura.

José Antonio Llorente es socio fundador y presidente de Llorente & Cuenca

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum