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Nuestro futuro como especie depende de un océano saludable

- 15:25 - 29/10/2018

    29 oct.- Cuando nuestros antepasados contemplaron el océano desde la seguridad que brinda tierra firme, lo vieron como una vasta e inagotable extensión de azul. El atractivo de la riqueza natural del mar y lo que se extendía más allá del horizonte llevó a los antiguos navegantes a explorar, y a medida que avanzaban los conocimientos, las habilidades y la tecnología de la humanidad, el océano y nuestro mundo entero comenzaron a parecer cada vez más pequeños.

    Probablemente, nuestro impacto en el planeta aumentó, y las aguas que alguna vez estuvieron repletas de vida marina hoy están amenazadas por la pesca excesiva, la pesca ilegal, la minería de los fondos marinos y los impactos del cambio climático. Aunque la comunidad científica nos ha advertido sobre estas amenazas durante décadas, es sólo ahora que los países de todo el mundo han comenzado a emprender las acciones necesarias para revertir el daño.

    En respuesta a la evidencia palpable sobre el deterioro de la salud de los océanos, el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) ha solicitado la protección del 10 por ciento de los ecosistemas costeros y marinos para 2020. Por su parte, los científicos opinan que los gobiernos deben proteger completamente el 30 por ciento del océano para 2030, a fin de contrarrestar significativamente los impactos de la humanidad sobre nuestros ecosistemas marinos globales. Si bien algunos países han tomado medidas para proteger sus aguas, el objetivo del CDB está lejos de cumplirse. Hoy en día, solo el 3,7 por ciento del océano tiene algún nivel de protección, y solamente el 2 por ciento está completamente protegido de la pesca y otras actividades extractivas, lo que demuestra cuán lejos debe llegar la comunidad global para cumplir con los objetivos del 10 y el 30 por ciento, respectivamente.

    Para abordar este urgente problema, he aceptado la amable invitación del Programa Legado para los Océanos de Pew Bertarelli, a fin de convertirme en Embajador del Océano, y sumar esfuerzos con los copresidentes John Kerry y David Cameron, y otros líderes mundiales, a fin de promover la creación de grandes áreas marinas protegidas (AMP) en el mundo, como una de las formas más efectivas de proteger nuestro océano.

    A nivel local, he sido testigo de movilizaciones de comunidades isleñas y costeras para proteger sus mares, pues además de ser su fuente de alimento, proporcionan un medio de vida. Dichas protecciones han favorecido la preservación de tradiciones culturales; por ejemplo, las del pueblo Rapa Nui, de la Isla de Pascua en el Pacífico.

    Ahí, la comunidad eligió proteger sus aguas de la explotación industrial, y favorecer la pesca local, promover su patrimonio cultural, y defender ecosistemas frágiles, a través de la creación de una gran área marina protegida. Durante varios años, el gobierno de Chile trabajó de la mano con el Pueblo Rapa Nui para establecer dicha AMP, que se designó formalmente a principios de este año, y que abarca un área del tamaño de Francia. Este ejemplo incomparable de administración oceánica, resultado de una colaboración intensa, y a menudo laboriosa, proporcionará un futuro mejor no solo para el océano, sino también para la Isla de Pascua y su gente.

    Me da esperanza el notable avance en la conservación de los océanos de América Latina en los últimos años. El año pasado, México estableció un AMP que rodea el Archipiélago de Revillagigedo, protegiendo uno de los ecosistemas más importantes del planeta, y creando un refugio para la vida marina a lo largo de un corredor migratorio muy transitado en el Océano Pacífico. A principios de este año, Brasil estableció varias nuevas áreas marinas protegidas que sumadas, protegerán un área equivalente al tamaño de Cuba, y que estarán completamente fuera del alcance de la explotación industrial. Argentina, Costa Rica y Ecuador también están considerando aumentar sus áreas marinas protegidas.

    Y, por supuesto, nuestros propios esfuerzos en mi país: en Chile. Incluyendo el AMP de Rapa Nui, Chile ha salvaguardado el 43 por ciento de su zona económica exclusiva, protegiendo un área más grande que la masa terrestre del Perú.

    Estos son logros muy importantes, pero no debemos confiarnos. Todavía hay mucho trabajo por delante para garantizar mares saludables y abundantes para las futuras generaciones. Nosotros, los Embajadores del Océano, junto con la Fundación Bertarelli bajo la dirección de la Co-Presidente Dona Bertarelli, junto con The Pew Charitable Trusts, sabemos que nuestro objetivo de inspirar a los líderes mundiales a proteger una mayor superficie del océano no será fácil. Pero también sabemos que al trabajar con esos líderes y comunidades, científicos y conservacionistas, podemos lograr esa tarea.

    Debemos tener éxito, porque nuestro futuro como especie depende de un océano saludable. El poeta Vicente Huidobro, en su poema Monumento al mar, expresa una visión que podría definir el momento histórico por el que atravesamos. Él escribe: "Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño / El mar abre sus ojos y busca el sol con sus pequeñas manos temblorosas / El mar empuja las olas / Sus olas que arrastran los destinos". Podemos y debemos controlar nuestro destino, y asegurarnos que el mar se encuentra con el sol.

    Heraldo Muñoz es ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile y embajador del Océano de la Fundación Bertarelli.

    (Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)


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