Cultura

El lenguaje callejero de Chile llega a la galería sin perder su esencia

Santiago de Chile, 28 jul (EFE).- El pintor y escritor de grafiti chileno Alexander Azukar (1986) está acostumbrado a moverse en el terreno de lo público, donde las calles y paredes le sirven de lienzo, una relación con el espacio que analiza en su último trabajo, "La luz de lo incorregible", esta vez en una galería.

La exposición, que estará abierta al público durante este fin de semana, se desarrolla en la Galería Cima, situada en el último piso de uno de los edificios que bordean la céntrica Plaza Italia de la capital chilena.

Desde lo alto de este enclave santiaguino, donde la ciudad aparece como un mar de luces en constante movimiento, Azukar explicó a Efe que su objetivo principal con esta muestra es llevar "el lenguaje de la calle, de lo urbano, a otro formato".

"En ese traslado de lo urbano a la galería, he intentado representar la sobresaturación de imágenes y colores a la que estamos expuestos en el espacio público, por eso quise llamar a la obra 'La luz de lo incorregible', porque aunque queramos corregir esta tendencia, resulta imposible", detalló el artista.

Con ello, continuó, el objetivo que busca es poner de relieve que los seres humanos "están muy condicionados y ensimismados con lo que la sociedad les impone", en especial en el día a día.

"Todos vamos por la calle leyendo letreros publicitarios y no reclamamos", sin embargo, "cuando aparece un grafiti la gente se queja", apuntó.

El trabajo de Azukar cruza una delgada línea entre lo underground y el circuito comercial, entre la calle y las salas de exposiciones, gracias al uso de elementos y estéticas con los que juega a disociar la utilidad, el mensaje y el contexto.

"Lo que intento hacer es, de una forma muy sutil, dar a entender a la gente que lo que estamos haciendo nosotros en la calle es muy romántico. Somos como Robin Hood, porque estamos haciendo arte al aire libre sin esperar nada a cambio, al contrario, soportamos las críticas y la persecución policial", dijo el grafitero.

"La luz de lo incorregible" bebe de esa influencia y se sirve de neones y aerosoles para crear un universo artístico que hunde sus raíces en lo que ocurre sobre el asfalto, pero que se transforma hasta alcanzar un nuevo lenguaje.

"El objetivo es transformar lo que hacemos en la calle en otro lenguaje, porque si yo llegara, rallara toda la galería e hiciera un "throwup" (pintada rápida con máximo dos colores), la gente lo vería desde otro punto de vista y quizás no lo aceptarían. Por eso intento separar ambas cosas y dejar en la calle lo que es de la calle", sentenció el artista.

Aún así, prosiguió, "estéticamente puede haber diferencias entre un trabajo y otro", pero el mensaje y lo que transmiten "no cambia", siempre "permanece".

En cuanto a sus influencias, el chileno admitió que siente gran fascinación por el trabajo del australiano Anthony Lister, considerado uno de los mejores pintores callejeros del mundo, así como por la leyenda viva Banksy, quien durante años ha liderado la batalla por otorgar al "street art" (arte callejero) un lugar en la historia del arte.

En este sentido, la idea que plantea Azukar con "La luz de lo incorregible" no es nueva, ya que el propio Banksy realizó una exposición con el mismo objetivo, un proceso de creación que retrató en el documental "Exit through the gift shop" (Salida por la tienda de regalos).

"Banksy está librando la misma batalla que yo. Ha donado piezas de arte a museos y estos no las han aceptado, a pesar de estar valoradas en miles y miles de dólares. Pero achacan su rechazo al tipo de formato de la obra y eso es lo que estoy decidido a romper", indicó Azukar.

Una tarea a la que está encomendado a través del amor que siente por lo que hace, ya sea en la calle o en un estudio, y que tiene sus frutos en las nuevas generaciones, las cuales, bajo su punto de vista, aceptan y entienden cada vez más el arte callejero.

"Mi mensaje principal es que todo lo que uno hace tiene que ser con amor, como un neón, que brilla desde adentro hacia afuera. Pintar en la calle sin pedir permiso no es un acto malévolo, al contrario, es amor propio. Hay una intención y un objetivo, ganas de expresarse y el placer de regalar a los demás", concluyó Azukar.

Alberto Valdés Gómez

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