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Repsol: Plásticos que nacen de la naturaleza

elEconomista América - 12:29 - 7/03/2017
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    Repsol trabaja en un plástico parecido al PET con características adhesivas. | Repsol

    Caminamos hacia un mundo más sostenible en todos los ámbitos, incluso en las pequeñas cosas. Como por ejemplo, la bolsa de plástico que utilizamos para llevar la compra desde el supermercado a casa. Desde hace unos años las bolsas biodegradables, fabricadas con bioplásticos que se obtienen, por ejemplo, del almidón de la patata, ya están presentes en muchos comercios.

    Lo cierto es que los bioplásticos, elaborados a partir de biopolímeros o composites sostenibles, son una realidad que protagoniza congresos científicos, como el que se ha celebrado recientemente en Valencia, el VI Seminario Internacional de Biopolímeros y Composites Sostenibles.

    Se trata de una apasionante línea de investigación que el Centro de Tecnología Repsol (CTR) lleva tiempo explorando a través de diferentes proyectos. Uno de los más interesantes lleva por nombre Adelfa. En él la compañía cuenta con la ayuda de unos curiosos aliados, las bacterias del género Pseudomonas. A pesar de que representan una de las formas de vida más simples del planeta, las bacterias son capaces de realizar procesos químicos sumamente complejos, como por ejemplo, producir petróleo por un lado, y biodegradarlo por el otro.

    Nuestras aliadas las bacterias

    Si en su día nos aliamos con ellas para fabricar yogur -solo necesitan la materia prima y las condiciones adecuadas-, ¿por qué no repetir la operación para el diseño de elementos más complejos como plásticos? Un producto de estas características podría tener aplicaciones interesantes, además de ser completamente biodegradables.

    Con esta premisa, Repsol ha impulsado Adelfa. El proceso -muy resumidamente- sería así: nuestras compañeras, las bacterias Pseudomonas, son capaces de generar un polímero, una clase de plástico, a partir de residuos de la industria alimentaria, tanto de origen vegetal como animal. Las bacterias generan este polímero para almacenar energía de la misma manera que el ser humano genera grasas con el mismo fin. La operación es, pues, un dos por uno: gestionar un desecho y otorgarle un nuevo valor.

    El resultado es PHA (polihidroxialcanoato), un plástico similar al conocidísimo PET (politereftalato de etileno), con el que se suelen fabricar las botellas de agua. La ventaja del PHA, además de ser biodegradable, es que apenas genera nuevos residuos, ya que es posible crear compost con ellos.

    Es más, el trabajo del CTR ha mostrado que, controlando adecuadamente la alimentación de las bacterias, incluso a partir de residuos, se puede producir un PHA especial con características adhesivas. Y aún más: colaborando con la Universidad de Alicante, Repsol ha descubierto que estos adhesivos pueden ser muy útiles en la industria del envasado, ya que tienen diferente comportamiento a distintas temperaturas. Así, un envase en la nevera estaría firmemente cerrado y, a temperatura ambiente, podría abrirse más fácilmente y funcionar como un recipiente con abrefácil.

    Las posibilidades del PHA son muchas. Por ejemplo, pueden unirse a otros plásticos que diseñamos en Repsol, como los EVA, o a otros polímeros biodegradables que desarrollamos en nuestros laboratorios para mejorar sus propiedades físicas. El viaje no ha hecho más que comenzar.

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